La asertividad no es sólo saber decir sí o no en el momento adecuado, aunque esto sea una parte importante. También es reconocer y expresar los sentimientos, tomar decisiones, actuar sin ser agresivo con los demás y hacerse responsable de nuestra conducta y sus consecuencias.
Las personas que no se comportan de forma asertiva no se sienten libres para comunicarse ni manifestar sus opiniones. Son pasivas y dejan pasar sus oportunidades por miedo o indecisión. No se respetan a sí mismos ni a los demás. Todo esto hace que su autoestima vaya disminuyendo y perjudica a sus relaciones con los demás.
Por el contrario, las personas asertivas tienen una alta autoestima y unas buenas relaciones con los otros. Vamos a ver cómo se comporta una persona asertiva para poder compararlo con nuestro comportamiento:
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Es capaz de tomar decisiones razonadas. No decide basándose en el miedo a qué pensarán los demás.
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Define el problema, busca diversas soluciones y las valora antes de tomar una decisión.
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Es capaz de asumir la responsabilidad por sus acciones.
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Se siente capaz de enfrentarse a los problemas.
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Tiene relaciones de igual a igual con los demás y se comunica abiertamente.
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Defiende sus derechos, opiniones y sentimientos pero sin negar los derechos de los otros.
Todos estos comportamientos hacen que la persona se sienta más segura de sí misma, mejoran las relaciones con los demás y aumentan la autoestima.