Hay una serie de características que señalan que un niño no está desarrollando un adecuado sentido de seguridad y que pueden ponernos sobre aviso. Éstas son algunas de ellas:
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Son tímidos y no les gusta encontrarse con personas o situaciones nuevas. Son pasivos y no les gusta probar experiencias nuevas porque temen ser castigados.
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Siempre están nerviosos y lo muestran mordiéndose las uñas, chupándose el dedo, llorando con frecuencia…
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Síntomas físicos: Dolores frecuentes de cabeza o estómago, mojar la cama, irritación…
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Se siente confuso acerca de lo que los demás esperan de él.
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No les gustan los cambios. Se sienten confundidos y asustados en situaciones nuevas.
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Evitan el contacto físico con los demás y las expresiones de afecto. Tampoco son capaces de mantener el contacto visual con los demás.
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No tienen confianza en poder conseguir cosas, no luchan por lograr metas.
Por el contrario, un niño con un adecuado sentido de seguridad se siente abierto a los cambios y no tiene miedo de buscar alternativas y correr riesgos. Además, se muestra confiado con las personas que quiere y cómodo con el contacto físico y las demostraciones de afecto y está abierto a relacionarse con personas nuevas. Un niño con un buen sentido de seguridad sabe en todo momento lo que se espera de él y por ello se atreverá a probar nuevas soluciones, buscará nuevas maneras de mejorar y ser premiado o elogiado por ello. Todo esto hará que crezcan sus capacidades y su autoestima.